En ocasiones, hasta la más dulce de las sonrisas esconde heridas que no han logrado sanar.
Alex intenta construir una nueva vida dejando atrás un pasado al que le duele regresar. Mientras huye de una parte de él, elevando muros a su alrededor para protegerse de repetir viejos errores, se aferra a la otra como el salvavidas que fue por años.
No tardará en comprender que, a veces, la única razón por la que levantamos barreras es para esperar que alguien tenga el valor de derribarlas, de empujarnos a confiar, haciendo que los miedos y las inseguridades acaben cayendo con ellas.
Pero cuando todo parece por fin encajar, los fantasmas que creía enterrados reaparecerán poniendo en peligro todo lo que siempre deseó y haciendo más reales que nunca cada una de sus cicatrices.
2. Estamos hechos de gotas de lluvia
«Para algunos, las heridas que sangran no son más que un bálsamo para sobrellevar las que están bajo la piel y nunca cicatrizan.
Gael lleva demasiado tiempo huyendo de sí mismo, de esa verdad que todavía no es capaz de afrontar. Pero está agotado de vivir sin rumbo, porque, vaya donde vaya, cada vez es más consciente de que no logrará dejarla atrás.
Decidido a avanzar, se aferrará a ese par de manos que saben mucho más que él de cómo salir adelante, con la esperanza de que los nuevos momentos a su lado, la vida que empieza a recuperar, acaben sepultando los viejos recuerdos y el dolor se mitigue.
Pero lo peligroso de enterrar una parte de sí mismo es que, cuando acabe saliendo a la luz, quizá haya errores de su pasado que no todos estén dispuestos a perdonar. Tal vez él mismo sea quién no pueda hacerlo».
No hay comentarios:
Publicar un comentario